La noche de ayer fue tremendamente agotadora. Al final, ningún plan salió como se esperaba en principio y todo se trastocó demasiado. No fue la noche que pensábamos que sería pero al menos fue una noche que supone el fin de una época y el comienzo de otra.

Antes de la fiesta como tal, Chispita había convocado un botellón al que asistieron varias de las personas que estaban en el acto de graduación. Se suponía que iba a ir mucha gente, pero unas horas después me dijeron que no había ido nadie. Al menos Juan Alfonso, Pedro,… estaban allí. Me invitaron a ir en varias ocasiones, pero preferí cenar en casa y salir desde aquí directamente a la fiesta. Y eso hice.

Juan Alfonso me había llamado para que no me fuera muy temprano y pasara mucho tiempo solo allí, así que salí muy tarde de casa. Digamos que salí hoy al comenzar el día. Y a esas horas mi barrio no se puede decir que sea un lugar agradable para pasear. Se convirtió en un lugar DEMASIADO agradable cuando salieron del metro aquellas dos chicas vestidas para la ocasión. Pero yo ya tenía destino.

Al salir del metro me equivoqué de salida. Si localizaba el Estadio Blanco sabría llegar directamente, pero no llegué a verlo. Así que emprendí mi solitaria marcha intentando orientarme entre los/las jóvenes que también salían de marcha ese día. Pero no encontraba el rumbo. Y entonces apareció Andrea, la ama de Sistemas, con su grupo de amigos, y me acoplé con ellos, que parecía que sabían hacia dónde iban.

Es curioso. Es como si dentro de la facultad fuéramos un tipo de persona y fuera de ella somos todo lo contrario. Estuve con Andrea en el mismo grupo de prácticas pero, aunque íbamos a la misma clase, ni siquiera me saludaba. Pero ayer fuimos el resto del camino hablando, pese a que esperaba que ellos irían todos juntos mientras yo les seguía cual perro hacia nuestro común destino. Es muy simpática, aunque en la facultad parece que está tan centrada que no se le nota. Pero esos ojos claros tan bonitos siguen siendo iguales tanto dentro como fuera de la facultad.

Qué jodío el argentino. Cuando me ve solo no me da pases y cuando me ve acompañado de Andrea me suelta un taco entero.

Andrea y su grupo me llevaron de nuevo hasta la boca del metro. No estaban mejor orientados que yo. Pero me hicieron encontrarme con ella, algo que tampoco estaba planeado pero que supongo que el destino sabía que tenía que pasar. Así que me despedí de Andrea y me fui a saludar a María (Ojos-negros, aunque ya parece que va perdiendo el sentido llamarla así) y a Gloria, que también parecían muy distintas a las biólogas que yo he conocido en la facultad. Supuse que ellas tendrían más idea de localizar el lugar, pero estaban también algo perdidas.

En esos momentos llamé a Juan Alfonso. Se debió de poner al teléfono medio botellón, que aún estaban todos por allí e iban a tardar en aparecer, porque no se entendía casi nada. Total, que si lograba llegar al lugar me seguiría encontrando solo.

Debía localizar el Estadio Blanco. Desde ahí lograría orientarme. Y entonces Gloria me indicó dónde estaba. Y gracias a ella, el mapa de la zona apareció en mi cabeza y pude guiar al nuevo grupo formado por María, Gloria, y los amigos de Gloria hasta la victoria. Y una RRPP me emocionó cuando quiso darme pases (a mí, como hombre) a pesar de que ya teníamos sitio para ir. Segundos después, otro argentino ofrecía pases a mis biólogas compañeras que, agradecidas, los aceptaron aunque anteriormente habían rechazado los pases que me había dado el otro y que yo les ofrecía. Tengo que estudiar el modo de atracción de los argentinos sobre las féminas. Me queda mucho por aprender…

Al final, llegar fue fácil. Y, a unos pasos de la entrada, Gloria y uno de sus amigos (no me atrevo a decir si era su novio o no pero, vamos, tampoco es que me importe) entraron a una tienda a comprar algo. Al final entraron todos los amigos de Gloria, y María y yo nos quedamos en la puerta, esperando. Son de esos momentos en que esperas que se pare el tiempo. Y entonces nos volvimos a reunir todos y esperamos un rato para entrar, mientras ellos se comían lo que habían comprado.

Mientras esperábamos, María iba a quedar con Emi y con Vero, que aún no habían llegado. No llegaban. Me pidió que fuéramos juntos a buscarlas al metro. Acepté. No hizo falta. Cuando nos decidimos a entrar, Emi y Vero ya estaban en la puerta. Las saludamos y procedimos a entrar.

Pasaron Gloria y su gente, después María y yo, y cuando iban a pasar Emi y Vero a alguna de ellas le pidieron que enseñara el carnet. No nos siguieron. Así que tuvimos que entrar sin ellas. Propusimos salir a ver qué pasaba. Me tocó salir a mí solo. Pero, bueno, no fue una salida en balde ya que no me habían sellado la entrada al pasar y tuvieron que hacerlo entonces y además, justo en ese momento, me llamaban de casa, así que todo aconteció por una razón del Universo. Hubiera sido en balde si hubiera salido sólo a buscarlas. Porque Emi y Vero ya estaban dentro cuando regresé.

Me quedé con el grupo de Gloria. María se estuvo encontrando con sus amigos y amigas (más amigos que amigas). En una de estas que la acompañé, me encontré con su amigo Alberto y, acto seguido, fue cuando apareció Jose. Creo que nunca antes me había alegrado tanto de encontrar a Jose.

El resto de la noche fue un ir y venir entre los grupos que conozco. Estuve con los amigos de Gloria un rato, pero a la única que conocía allí era a Gloria y tampoco es que seamos íntimos. También estuve con Jose y con Diego, que eran, hasta cierto momento, los únicos biólogos que conocía por allí (junto con Alberto). Me paseé por el grupo de Paloma, que Gloria quería que subieran a la planta de arriba y, ya que les decía esto aproveché para saludar. Regresé con María, que se había unido a un grupillo…

Y aquí los amigos no aparecieron hasta las tantas :-P No recuerdo cómo sucedió todo. Sé que, bajando las escaleras, me encontré con Dani y le saludé. Le pregunté si sabía algo de los demás y me dijo que acababa de llegar del local de al lado. Pero en esos momentos apareció Juan Alfonso. Y comenzó la verdadera fiesta.

Juan Alfonso estaba con Emiliolo I (que estaba fuera de sus dominios y por allí era un simple mortal al que la gente conocía como Emilio) y con Isra. Por dificultades técnicas que no vienen al caso relatar, nos quedamos parados en el mismo sitio durante un ratillo, al cabo del cual fuimos a movernos junto con Paloma y sus amigas featuring María. Se las presentamos a Emilio y a Dani y estuvimos un rato con ellas.

Hablando con María, uno de los vasos se cayó de una mesa y fue a romperse a sus pies. Hubo un momento de tensión en que temí que se hubiera cortado pero, afortunadamente, no pasó nada. Y mira que logré detener otro vaso en otra mesa antes de que cayera al suelo, pero no logré predecir aquel. Y todo fue por el factor Gamma.

Antes del momento culminante de la noche, he de destacar que también me encontré con Dani (el biólogo); saludé a Raquel, la morenaza toledana; hablamos con Pedro cuando logramos dar con él (y mira que el sitio no era muy grande); y saludamos también a Rodrigo. María, mi casi vecina, también estaba por allí. Fue con la única persona con la que hablé de la facultad aquella noche. Con los demás, sólo la nombramos. Anoche, pese a ser biólogos, éramos iguales al resto de los humanos.

Y, entonces, llegó el momento cumbre. Estábamos con Paloma y sus amigas y yo había estado hablando con María. Entonces, Juan Alfonso, Emilio, Dani y yo, decidimos subir al escenario a bailar. Invitamos a las chicas a subir pero no quisieron. Aquel fue el momento en que mejor lo pasamos. Y en ese momento fue cuando nos convertimos en héroes. La gente miraba. Todos sorprendidos. Todos como locos…

La noche transcurrió. En ocasiones nos quedamos los tres solos y otras, volvimos a estar los cuatro juntos. Seguimos moviéndonos de un lado para el otro, relacionándonos con unos y con otros.

El factor Gamma me persiguió durante toda la noche. Fue el pequeño imprevisto que provocó el aumento de la entropía del Universo. No estaba pensado que la cosa sucediera así, pero ocurrió. Bien es cierto que desde un principio tenía clara mi posición de no intentar nada con una bióloga y actuar de ala derecho en beneficio de los amigos. A cierta persona no debería casi verla porque sólo coincidiríamos un breve momento en que nos saludaríamos, dos besos, y ella seguiría con su vida mientras yo me movería con los colegas. Pero ya sabemos que los planes nunca salen como se esperan. Y hubo gran proporción de chicas que no eran de la facultad. Y me fijé en algunas de ellas, e intenté centrarme. Pero el factor Gamma (su presencia en aquel lugar) impedía que me concentrara. Era como si sólo estuviera ella en aquel lugar. Hacía mucho que no me pasaba algo así.

Cambiamos de estrategia. Seguro que Jose tenía amigas. Le pedí que me presentara a alguna, y me reunió con una chica bastante guapa que, si no recuerdo mal, se llamaba Leticia. La chica no parecía tener ganas de ligar con nadie y, si no fuera porque no escuchaba nada de lo que decían a pesar de que nuestras tres cabezas estaban a menos de medio metro de distancia, yo hubiera dicho que era Jose el que estaba ligando con ella mientras yo miraba. Mientras tanto, los demás se habían buscado la vida por su cuenta.

Y, al rato, nos desalojaron de la planta de arriba. Ya no éramos muchos en la discoteca. De hecho, la gente se fue poco a poco. Yo terminé en la planta de abajo buscando un sitio donde pudiéramos estar hasta que cerraran el sitio. Y, cuando quise mirar hacia atrás, no venía nadie. Me pareció ver que Juan Alfonso y Dani salían por la puerta, así que me quedaba yo solo allí dentro. Di unas pocas vueltas entre la gente intentando localizar a Paloma, Sara, María, Pedro,… a alguien conocido, pero nada.

Por suerte, en el interior del lugar aún quedaba cierta chica alta muy guapa. La casualidad (y la insconciencia en momentos de confusión) quiso que me fuera a posicionar detrás de Raquel, la morenaza toledana. Ella estaba hablando con otra amiga y no era plan de interrumpir. Al menos no estaba con ningún tío ya que, en otras ocasiones durante la noche, mientras la miraba, siempre había alguien junto a ella, no sé si conocido o que intentaban ligar con ella. Ahora el que estaba junto a ella era yo. Con la única excepción de que yo no intentaba ligar con ella, aunque no sé si se hubiera podido. En todo caso, mis desaparecidos hombres hicieron acto de presencia mientras hablaba con ella así que terminé presentándosela.

Estuvimos toda la noche presentándonos a gente que, o no vamos a volver a ver en la vida, o no nos vamos a acordar de quiénes eran. Es lo que tienen estos eventos.

Si no recuerdo mal, al terminar de presentarles a Raquel, poco más pudimos hacer, ya que nos cerraron el local y tuvimos que desalojar.

A la salida, me volví a encontrar con Jose y con Diego y estuvimos hablando un momento. Después volví con Juan Alfonso y con Dani, que íbamos a esperar a Emilio y a Isra. Vi por allí a un grupo de mujeres encandiladas con algunos de estos tíos que yo llamo “cortados con la misma tijera” y que regalan con las cajas de cereales, y decidí hacer una perdida a una de ellas. ¿Objetivo? Llamar la atención. Objetivo cumplido.

Cuando los tíos se fueron, ellas decidieron marcharse. El factor Gamma volvió a actuar sobre mí y, debido a una frase de ella que me había llegado al corazón horas antes pero que estaba claro que al final de la noche ella misma iba a anularla, terminé acompañando voluntariamente a un grupo de, quizás, diez mujeres hacia el metro.

Al final se despidieron unas de otras, yo debía de ser invisible porque sólo Sara se despidió de mí, y me quedé esperando al grupo en la boca del metro porque ya no iba a deshacer el camino andado para volver a buscarlos. Pero el factor Gamma regresó a mi memoria por una cosa que me había dicho Emilio durante la fiesta.

Tenía que hacerlo. Han sido muchos años con ella. Juntos en clase, hablando con ella, coincidiendo por los pasillos, picándonos, intentando hacerle reír,… Quizás la última vez que la volveré a ver. No quería hacerlo, pero tenía que hacerlo.

Y al final, regresé a casa solo, pensando en todos estos años y en los años venideros, en la gente que volveré a ver y en los que ya no volveré a ver en la vida a pesar de todo este tiempo juntos.

Fue una noche inolvidable aunque no llegara a ser legendaria. Aprendimos que esto del amor es muy jodido y que las mujeres son más complicadas aún de lo que parecen. Juan Alfonso se llevó 0.5 barneypuntos por lo que nosotros sabemos. No pudimos despedirnos de casi nadie porque, o a la gente no les gustan las despedidas, o no esperan que sea la última vez que volvamos a vernos, o directamente porque pasaban, así que al final sólo pude despedirme de Sara y de María. Y yo, pues hice un poco el primo esa noche.

Hoy he dormido cuatro horas escasas y estoy algo pachucho después de lo ayer. También me duelen los pies horrores y, todo eso, en conjunto, me ha impedido quedar hoy.

Bueno. Esta es mi visión de los hechos acontecidos anoche (parece mentira que todo esto haya pasado esta misma mañana). Si alguien más quiere hacer un relato del momento, que me mande un mail o me lo ponga en un comentario o algo, y le hago una entrada.

Se acabó el Día G. A partir de hoy, ya nada será lo mismo… Y a lo mejor el año que viene tenemos Día G 2 con papi como protagonista…